Enaro

Suelo radiante frío y calor: cuánto enfría de verdad en verano

El suelo radiante refresca, pero mucho menos de lo que calienta: la norma le asigna en frío la peor curva de emisión de las tres superficies radiantes.

Y le pone un límite que no depende del equipo que instales, sino del aire de tu casa. En modo frío el agua no puede bajar de la temperatura del punto de rocío más un grado, porque por debajo de ahí el vapor del ambiente condensa sobre el pavimento. Eso convierte la pregunta «¿a cuántos grados trabaja?» en una pregunta sin respuesta fija: depende de cuánta humedad tenga el local en ese momento. Es la única prestación de todo este sitio cuyo techo no lo marca el fabricante ni el confort, sino la física del aire húmedo.

Lo que sigue es la respuesta larga, con la norma delante: por qué el ejemplo resuelto de la guía de los propios fabricantes concluye que el suelo no cubre la demanda de refrigeración, cuántos vatios por metro cuadrado sale que puede dar y por qué esa cifra es un cálculo nuestro y no un dato de catálogo, por qué en frío solo sirve el pavimento cerámico, y qué preguntas hay que hacerle a un instalador antes de firmar. Enaro no instala ni vende equipos: cuando quieras cifras cerradas, los instaladores suben su oferta y tú comparas.

Última actualización: 5 de septiembre de 2026

01

¿El suelo radiante enfría de verdad en verano?

Enfría, pero en el ejemplo resuelto de la guía del sector, calculado según la norma, el suelo no cubre la demanda de refrigeración de varias estancias.

La frase anterior no es una opinión nuestra ni la conclusión de un escéptico: está en la Guía de Suelo Radiante de FEGECA, editada por FENERCOM, y la firma la asociación española de fabricantes de generadores y emisores de calor. Es decir, la parte del mercado que vende estos sistemas. Su capítulo 7 dimensiona paso a paso una vivienda real de zona climática D3 aplicando la UNE-EN 1264, y al llegar al modo refrigeración escribe esto literalmente: «Como podemos ver en el gráfico en el caso de refrigeración no será posible aportar con el sistema la qdes demandada para diferentes estancias por lo que es recomendable proveer fuentes de climatización suplementarias.»

Conviene leerlo con precisión, porque el matiz es todo. No dice que el suelo no enfríe: dice que no enfría lo suficiente él solo. Y es un caso concreto, no una estadística — una vivienda, una zona climática, un pavimento pétreo, un tubo de 16x2 y un paso de 15 cm. Lo que le da peso no es la muestra, que es de uno, sino quién lo publica y con qué método: un cálculo normativo completo, en una guía de fabricantes, que llega a una conclusión comercialmente incómoda para quien la edita. En el mismo ejemplo, en calefacción, todos los pasos de tubo probados eran válidos y el sistema sí cubría la demanda.

Hay un segundo pasaje que apunta a lo mismo desde otro capítulo del mismo documento, y dos pasajes independientes que coinciden pesan bastante más que uno: al hablar de generadores, la guía reconoce que «cuando utilizamos el suelo radiante como sistema de refrigeración en climas con humedades relativas altas, podemos tener problemas con las condensaciones, en ese caso es muy habitual utilizar una instalación mixta, con suelo radiante y fancoils para apoyar la refrigeración en verano». No es una recomendación de mejora: es la descripción de lo que se hace en la práctica.

Lo que esto significa para quien está decidiendo: si vas a instalar suelo radiante por agua, la reversibilidad es un extra razonable que aporta confort en verano, sobre todo en clima seco. Lo que no es, con la evidencia en la mano, es un sustituto del aire acondicionado en una casa entera y en un clima húmedo. Quien te lo venda así te lo está vendiendo por encima de lo que la norma le concede.

Salón español en verano visto a ras del suelo de baldosa cerámica pulida, con la luz entrando por una ventana entornada.
02

A qué temperatura trabaja el suelo radiante en modo frío

No hay una temperatura mínima fija. La norma exige que el agua de impulsión esté al menos un grado por encima del punto de rocío del local.

Aquí es donde la respuesta habitual del sector se queda corta. Si preguntas, te dirán que el agua va «entre 15 y 18 grados», como si fuera una constante del sistema igual que los 29 °C de temperatura de superficie máxima que la norma sí fija en calefacción. No lo es. La guía lo formula como una regla, no como un valor: «La temperatura de impulsión estará como mínimo un grado por encima de la temperatura del punto de rocío.» Y a continuación aplica esa regla a su propio caso: «En nuestro proyecto siendo la temperatura del punto de rocío 14,8 °C fijaremos la temperatura de impulsión para refrigeración en 15,8 °C.» Los 15,8 °C no son un número de la norma. Son el resultado de aplicar la norma a una humedad concreta.

La diferencia entre publicar el número y publicar la regla es la diferencia entre saberse una cifra y entender el sistema. Si el aire de tu salón está más húmedo que el del ejemplo, tu impulsión mínima sube; con el agua más templada, la superficie del suelo —que siempre va por encima del agua— también sube, el salto frente al ambiente se estrecha y el suelo enfría menos. Si está más seco, ocurre lo contrario. Nadie puede decirte a cuántos grados va a trabajar tu instalación sin saber cuánta humedad va a tener tu casa mientras funciona.

La norma sí fija dos valores de partida para poder dimensionar, y los dos merecen citarse porque son la mitad de la Variable Unívoca de esta página. El primero es el punto de rocío de diseño para sistemas de refrigeración por superficie: 18 °C, correspondiente a un contenido de humedad del aire de 13 gramos de agua por kilo. El segundo es la temperatura ambiente interior nominal en refrigeración: 26 °C — distinta de los 20 °C con los que la misma norma evalúa la calefacción. Es un detalle que casi nadie menciona y que explica muchas comparaciones tramposas: los dos modos no se miden en las mismas condiciones.

La tabla de abajo traduce esa regla a la banda de confort que fija el RITE para verano en España, que es normativa y nacional. Dentro de esa misma banda legal, el punto de rocío se mueve más de seis grados, y con él la impulsión mínima. Ese es el margen que decide si tu instalación tiene recorrido o no lo tiene. No lo concretamos por ciudad a propósito: la humedad de un salón depende de la ventilación, de cuánta gente hay dentro y de si hay o no deshumidificación, no solo del clima de la provincia.

Temperatura operativa (banda del RITE para verano)Humedad relativaPunto de rocío (aproximado, ver nota)Impulsión mínima del agua (rocío + 1 K)
23 °C45 %10,4 °C11,4 °C
23 °C60 %14,8 °C15,8 °C
25 °C45 %12,2 °C13,2 °C
25 °C60 %16,7 °C17,7 °C
Las condiciones interiores de verano (23-25 °C y 45-60 % de humedad relativa) son la tabla 1.4.1.1 del RITE, RD 1027/2007 en su texto consolidado, IT 1.1.4.1.2, consultada en el BOE el 5 de septiembre de 2026. Los puntos de rocío son CÁLCULO NUESTRO con la fórmula de Magnus, no cifras publicadas por el RITE, y la regla de la impulsión es de la UNE-EN 1264 según la transcribe la guía de FEGECA. Por qué nos fiamos de ese cálculo: la misma fórmula, aplicada a las condiciones del ejemplo resuelto de la guía (26 °C y 50 % de humedad relativa), devuelve 14,78 °C frente a los 14,8 °C que la guía obtiene con diagrama psicrométrico. Reproduce el número de la propia fuente. UN MATIZ QUE HAY QUE DECLARAR: los 23-25 °C del RITE son temperatura OPERATIVA, que combina aire y radiación, mientras que el punto de rocío se calcula sobre la temperatura seca del aire. Es una aproximación razonable para una tabla divulgativa y no para dimensionar una instalación. Nótese además que el RITE se detiene en 25 °C y la norma de emisión usa 26 °C como ambiente nominal de refrigeración: no son el mismo marco.
Primer plano de gotas de condensación sobre la superficie fría de una baldosa cerámica esmaltada, con la junta al fondo.
03

Por qué el suelo es la peor superficie para enfriar y la mejor para calentar

Con las curvas de la norma, el techo emite 8,92 W/m² por grado de salto, la pared 8,00 y el suelo 7,00. En calefacción el orden se invierte.

Esta simetría es verificable, está en la propia norma y no la cuenta prácticamente nadie. La UNE-EN 1264 asigna a cada superficie radiante su propia curva característica de emisión, y las cinco caben en dos líneas: suelo radiante q = 8,92 · Δ^1,1; suelo refrescante q = 7,00 · Δ; techo radiante q = 6,00 · Δ; techo refrescante q = 8,92 · Δ; pared radiante o refrescante q = 8,00 · Δ, donde Δ es la diferencia entre la temperatura media de la superficie y la del ambiente. Léelas dos veces: el suelo es el mejor de los tres emisores en calor y el peor de los tres en frío, y el techo hace exactamente el recorrido inverso.

Entre la fórmula del suelo en calor y la del suelo en frío hay dos diferencias, no una. Cambia el coeficiente, de 8,92 a 7,00. Y desaparece el exponente 1,1: en frío la curva es lineal. Eso no es una coquetería matemática, es la convección natural entrada en la ecuación. Un suelo caliente calienta el aire que toca, ese aire sube y arrastra más aire frío contra la superficie, así que la emisión crece más deprisa que la diferencia de temperatura — de ahí el exponente mayor que uno. Un suelo frío enfría el aire que toca, ese aire pesa más y se queda abajo formando una capa estancada que aísla la superficie del resto de la habitación. La convección deja de ayudar y pasa a estorbar, y la norma lo refleja aplanando la curva.

La consecuencia práctica es que el techo refrescante existe por un motivo físico y no por moda: en frío emite un 27 % más que el suelo con el mismo salto de temperatura, precisamente porque el aire frío cae desde él en vez de quedarse encima. Si un instalador serio te propone climatización por techo para el verano en lugar de forzar el suelo, no te está complicando la obra: te está proponiendo la superficie que la norma considera mejor para ese trabajo.

La última columna de la tabla es aritmética nuestra sobre esas ecuaciones, con el mayor salto que las condiciones nominales de la norma permiten en frío: ambiente a 26 °C y superficie en el rocío de diseño de 18 °C, es decir 8 grados. Es un techo teórico, no una prestación: como explicamos en el bloque siguiente, en la práctica no se llega a él.

SuperficieCurva en refrigeraciónCurva en calefacciónEmisión en frío con un salto de 8 K
Techoq = 8,92 · Δq = 6,00 · Δ71 W/m²
Paredq = 8,00 · Δq = 8,00 · Δ64 W/m²
Sueloq = 7,00 · Δq = 8,92 · Δ^1,156 W/m²
Las cinco curvas características son de la UNE-EN 1264 según las transcribe la Guía de Suelo Radiante de FEGECA (capítulo 7.2, páginas 89-90 del PDF), leída el 5 de septiembre de 2026. Δ es la diferencia entre la temperatura media de la superficie y la del ambiente. La última columna es cálculo nuestro aplicando esas mismas ecuaciones a un salto de 8 K, que es el máximo que consienten las condiciones nominales de la norma en frío (ambiente 26 °C, superficie en el rocío de diseño de 18 °C). No es una capacidad alcanzable: con la superficie exactamente en el punto de rocío es donde se forma la condensación, que es justo lo que la regla de la impulsión existe para evitar.
04

Cuántos vatios por m² da en frío: la cifra que el sector no publica

La guía dedica un capítulo entero a la refrigeración y no publica ni un solo valor de capacidad frigorífica. Lo que sigue es cálculo nuestro.

Esa ausencia es un dato en sí misma y merece decirse antes que ninguna cifra. Buscamos todas las apariciones de «W/m2» en el documento completo: las hay a decenas —80, 83, 92, 96, 100, 119, 155, 175— y todas son de calefacción, sin excepción. Un capítulo que explica cómo dimensionar un suelo refrescante según la norma, y que no publica cuánto puede llegar a enfriar. Si has buscado ese número antes de llegar aquí y no lo has encontrado, no es que buscaras mal.

Se puede calcular, porque la ecuación sí está publicada. Aplicando la curva del suelo refrescante a las condiciones nominales de la propia norma —ambiente a 26 °C, punto de rocío de diseño de 18 °C— salen dos cifras, y las dos son techos, no prestaciones. Con la superficie del suelo exactamente en el rocío, el máximo absoluto es q = 7,00 · (26 − 18) = 56 W/m², y es inalcanzable porque ese punto es justo donde condensa. Si en vez de eso situamos la superficie en 19 °C —un grado por encima del rocío; ese margen de un grado la norma se lo exige al agua, y aquí lo aplicamos a la superficie solo para poner un segundo techo—, q = 7,00 · (26 − 19) = 49 W/m². Frente a los 100 W/m² que la misma norma publica como capacidad en zona de estar en calefacción, con el suelo a 29 °C y la casa a 20 °C. Es decir: en frío el suelo no llega ni a la mitad de lo que da en calor.

Y ese 49 tampoco se alcanza, por una razón que conviene entender porque es exactamente donde patinan las fuentes secundarias. La ecuación pide la temperatura media de la superficie del suelo. La regla del punto de rocío limita otra cosa distinta: la temperatura del agua de impulsión. No son la misma magnitud ni valen el mismo número — en refrigeración la superficie está siempre más templada que el agua, porque el mortero y el pavimento se interponen entre las dos. Así que si el agua no puede bajar de 19 °C, la superficie se queda por encima de 19 °C, el salto real frente al ambiente es menor de 7 grados y la capacidad cae por debajo de esos 49 W/m². Meter la temperatura de impulsión donde la fórmula pide la de la superficie iguala dos cosas que no son iguales, e infla el resultado: es el error del que salen las cifras de frío más generosas que circulan.

Cuánto por debajo de 49, no lo decimos, y es deliberado: dependería de la resistencia térmica del pavimento y del paso entre tubos, que este cálculo no modela. Lo que esta página publica, entonces, es un techo de 49 W/m² y la afirmación de que la capacidad real queda por debajo — no un rango con un extremo inferior que tendríamos que habernos inventado. Menos de la mitad que en calefacción, con la ecuación de la norma delante, ya es una respuesta bastante más concreta que la que da hoy el sector.

Una última cosa sobre la solidez de esta cifra, dicha antes de que nadie nos la pida. En calefacción pudimos comprobar que la ecuación funciona porque la guía publica valores contra los que contrastarla, y coinciden: 8,92 · (29 − 20)^1,1 da 100,0 frente a los 100 W/m² publicados, y 8,92 · (35 − 20)^1,1 da 175,4 frente a los 175 publicados. En frío no hay ni un solo valor publicado contra el que hacer esa misma comprobación. La ecuación es la de la norma y el método es el mismo, pero la verificación cruzada no existe, y esa es la razón de que aquí demos un rango y no una cifra. La calculadora de suelo radiante sigue trabajando solo con el modo calefacción, que es el que sí está validado contra valores publicados.

05

En frío solo sirve el pavimento cerámico

En refrigeración solo son recomendables los pavimentos cerámicos de baja resistencia térmica: bajar más la temperatura del agua formaría condensados bajo el pavimento.

Es una consecuencia directa de todo lo anterior y, para mucha gente, el criterio que decide la conversación entera. La guía lo dice sin matices: «Para instalaciones de suelo radiante refrigerante, sin embargo, solo serían recomendables los pavimentos cerámicos de baja resistencia, al no ser técnicamente posible disminuir la temperatura del agua a riesgo de formar condensados bajo el pavimento.»

El porqué es una asimetría que casi nadie explica, y es elegante. En calefacción, un pavimento que aísla mucho se compensa subiendo la temperatura del agua: pierdes algo de rendimiento en el generador, pero el sistema funciona. En refrigeración esa salida sencillamente no existe, porque la palanca equivalente —bajar más el agua— es justo la que el punto de rocío tiene prohibida. Es la única situación de todo este sitio en la que un pavimento no te encarece la instalación: te elimina la prestación.

Las resistencias térmicas que maneja la norma ordenan el problema en tres grupos, y la distancia entre el primero y el último es de un orden de magnitud. Traducido a decisión: si tienes o quieres parquet, tarima o un vinílico, puedes tener suelo radiante en invierno, pero no cuentes con una refrigeración útil en verano. Es un criterio de descarte que puedes aplicar tú solo, sin llamar a nadie y sin pedir un presupuesto.

Qué pavimentos admite el sistema en calefacción, con sus matices de dilatación y de aptitud declarada por el fabricante, es otra conversación y vive en el hub de suelo radiante. Lo que cambia en frío es solo esto, y con esto basta para decidir.

  • Cerámicos y piedra: 0,02-0,05 m²K/W. El único grupo que la guía considera recomendable para el modo refrigeración.
  • Sintéticos: 0,10-0,2 m²K/W. Entre dos y diez veces más resistentes. En frío no queda margen para compensarlo.
  • Maderas: 0,15-0,2 m²K/W. El extremo del rango. Con parquet o tarima la refrigeración deja de ser una prestación real.
  • Qué preguntar si el instalador propone frío con un pavimento que no sea cerámico: con qué temperatura de superficie ha calculado la capacidad, y qué margen deja frente al punto de rocío de tu vivienda.
  • Fuente: Guía de Suelo Radiante de FEGECA, 2ª edición publicada por FENERCOM, capítulo 5 (páginas 65-66 del PDF), donde atribuye esos tres rangos de resistencia a la EN 1264. Leída en el original el 5 de septiembre de 2026.
06

Por qué controlar la humedad relativa no basta

Un control por humedad relativa puede estar dentro de consigna y aun así permitir condensaciones: si el aire se calienta manteniendo el mismo porcentaje, el rocío sube.

La guía lo demuestra con un caso numérico, y es la pieza más accionable de esta página porque se traduce en una pregunta concreta que casi ningún comprador sabe hacer. Imagina un control con consigna del 55 % de humedad relativa. Con el aire a 25 °C, el punto de rocío está en 15,4 °C y el sistema tiene margen de sobra. Ahora el aire sube a 30 °C manteniendo ese mismo 55 %: el rocío asciende hasta 20 °C. El control no salta, porque el 55 % sigue dentro de consigna, y sin embargo, en palabras de la propia guía, «las condensaciones serían muy notables».

La razón es que la humedad relativa no mide cuánta agua hay en el aire, mide qué porcentaje de la que ese aire podría admitir a esa temperatura está ocupado. Es un porcentaje sobre una base móvil. La humedad absoluta —gramos de agua por kilo de aire— sí mide la cantidad real, y por eso es la magnitud correcta para gobernar un sistema radiante en frío: con un tope de 11 gramos por kilo, el punto de rocío se queda en torno a 15 °C aunque el aire de la casa oscile entre 25 y 35 grados.

Con esa base, lo que la guía exige del control es más de lo que suele venderse: «Los sistemas radiantes en frío deben garantizar un estricto control de la humedad, que garantice no solo que el sistema no llegue al punto de rocío, sino que en lugar de subir la temperatura del agua de impulsión, pueda mantenerla o incluso bajarla para no perder potencia de enfriamiento.» Y añade que eso implica, según la zona climática, contar con un sistema de deshumidificación, que además tiene que gestionarse de forma conjunta con el suelo radiante. Ese «según la zona climática» es de la fuente y lo respetamos: no decimos que siempre haga falta un deshumidificador, decimos que el control de humedad no es opcional y que cuando hay deshumidificador tiene que ir gobernado por el mismo cerebro.

Un último detalle que cambia el precio de un presupuesto y no aparece en casi ninguno: los controles avanzados calculan el punto de rocío estancia por estancia, no una vez para toda la vivienda, y pueden cerrar los circuitos de una habitación concreta si se sale de rango —una ducha, una ventana abierta— sin parar el resto de la casa. La guía razona el porqué, y es evidente en cuanto se dice: dos habitaciones de la misma vivienda pueden tener humedades muy distintas a la vez.

Una precisión de la que no hemos encontrado a nadie que se haga cargo: esto es un requisito técnico, no una obligación legal. Revisamos el RITE consolidado buscando un artículo que obligue a instalar control de humedad en una instalación radiante de vivienda, y no lo hay — existen la clasificación de sistemas de control termohigrométrico y la exigencia genérica de calidad térmica del ambiente, pero ninguna norma que lo imponga para este caso. Si alguien te lo vende como obligación de la ley, está apoyándose en algo que no hemos podido encontrar.

  • Pregunta primero: ¿el control regula por humedad relativa o por humedad absoluta? Es la diferencia entre un sistema que puede condensar dentro de consigna y uno que no.
  • Pregunta después: ¿calcula el punto de rocío por estancia o una sola vez para toda la vivienda? Una ducha o una ventana abierta afectan a una habitación, no a la casa.
  • Pregunta también: ¿puede cerrar los circuitos de una sola estancia sin parar el sistema entero?
  • Si hay deshumidificador en el presupuesto: ¿va gobernado por el mismo control que el suelo, o funciona por su cuenta? La guía exige lo primero.
  • Y si no lo hay: que quede por escrito con qué zona climática y con qué humedad interior se ha calculado que no hace falta.
  • Fuente de todo el bloque: Guía de Suelo Radiante de FEGECA, 2ª edición publicada por FENERCOM, capítulo 6.2 (páginas 77-80 del PDF), leída el 5 de septiembre de 2026. La ausencia de obligación legal se comprobó sobre el texto consolidado del RITE (RD 1027/2007) en el BOE el mismo día; es una negación acotada a ese reglamento, no a todo el ordenamiento.
Termostato de pared en una vivienda, con la pantalla apagada y una mano a punto de accionar su rueda.
Pide presupuestos de suelo radiante con refrigeración
07

La humedad que el suelo no quita, y por qué el fancoil no es la solución evidente

El suelo refrescante trabaja sobre el calor sensible, la temperatura. La humedad del aire, el calor latente, la tiene que quitar otro equipo.

Es un reparto de tareas que explica buena parte de la sensación de «refresca, pero no acaba de resultar cómodo» que describe quien lo tiene. Bajar la temperatura del aire y quitarle agua son dos trabajos físicamente distintos, y una superficie radiante solo puede hacer el primero. En un día seco eso basta y el confort es notable. En un día húmedo, la casa está a la temperatura correcta y sigue resultando pegajosa, porque nadie ha tocado la variable que molesta.

De ahí sale el matiz que menos se cuenta y que conviene tener claro antes de aceptar un presupuesto: un fancoil deshumidifica, pero mientras lo hace enfría también el aire, y eso perjudica al suelo radiante. La guía lo dice explícitamente en su capítulo 6.2, páginas 80-81 del PDF, leído en el original el 5 de septiembre de 2026: «Los sistemas como climatizadores o fancoils además de deshumidificar, es decir de reducir la carga latente del local, también ofrecen una carga sensible de enfriamiento. Esto significa que también están reduciendo la temperatura interior del aire, desfavoreciendo el rendimiento del sistema radiante y alejándose de la situación de confort humano.» Su ideal es otro: la deshumidificación isotérmica, que reduce la humedad sin bajar la temperatura del aire, «de esta forma, es el sistema radiante el que trabaja sobre la temperatura sensible».

Aquí hay una tensión dentro de la propia guía que preferimos enseñar antes que resolver a nuestro gusto, porque el contraste es informativo. Su capítulo 4.4, en la página 54, dice que en climas húmedos «es muy habitual» resolverlo con suelo radiante más fancoils. Su capítulo 6.2, veintitrés páginas más allá, desaconseja precisamente los fancoils como sistema de deshumidificación para climatización radiante. No es una contradicción estricta: uno describe lo que el mercado hace y el otro lo que la ingeniería considera correcto. Lo útil para ti es saber que si un instalador te propone fancoils de apoyo no te está engañando —es la práctica común— pero tampoco te está dando el óptimo, y que el óptimo tiene nombre y se puede pedir.

Lo que no vas a encontrar en esta página es cuánta humedad se queda sin tratar ni a partir de qué punto deja de ser confortable. La fuente afirma el mecanismo con claridad y no lo cuantifica en ningún sitio: no da porcentajes, ni un umbral de humedad, ni una cifra de confort. Podríamos rellenar ese hueco con un número plausible y nadie lo notaría, y es exactamente lo que no hacemos.

08

El mismo documento dice las dos cosas

En la guía de FEGECA conviven un cálculo que concluye que el suelo no cubre la refrigeración y anuncios que prometen que refresca en verano.

Lo contamos porque es la tesis de esta página documentada dentro de un único archivo, y porque enseña a leer al sector mejor que cualquier advertencia genérica. En la página 104 de ese PDF está el ejemplo resuelto que recomienda fuentes de climatización suplementarias. En la 59 hay un anuncio con el reclamo «CALIENTA EN INVIERNO, REFRESCA EN VERANO». En la 85, otro que habla de estar «fresco como una catedral en agosto». Cuarenta y cinco páginas de distancia, dos mensajes opuestos, un solo documento.

Y hay que decir con la misma claridad lo que esto no es. No es un fraude ni una incoherencia de FEGECA: los anuncios están perfectamente identificados como publicidad de marcas concretas, no como contenido editorial de la asociación, y una guía técnica sectorial se edita así, con la publicidad de la industria financiando las páginas donde se explica la norma. El folleto y la ingeniería viven en el mismo sitio porque así se pagan las guías. No hay mala fe que atribuir a nadie.

Lo que sí es, y por eso vale la pena tenerlo presente, es un recordatorio de que «sí, también refresca» y «no cubre la demanda de refrigeración» pueden salir de la misma fuente según qué parte se cite. Cuando alguien te conteste lo primero, la pregunta útil no es si se lo está inventando —casi nunca— sino de cuál de las dos mitades del sector lo ha sacado, y si ha visto alguna vez el cálculo.

09

Cuándo el frío del suelo radiante no compensa

Con parquet, en clima húmedo o si esperas sustituir un aire acondicionado, el modo frío no va a darte lo que buscas por sí solo.

Los tres descartes salen de lo anterior sin necesidad de añadir nada: el pavimento no cerámico elimina el margen de temperatura, la humedad alta sube el punto de rocío hasta anular el salto útil, y un techo de 49 W/m² —cálculo nuestro con la ecuación de la norma, y con la capacidad real por debajo de esa cifra— frente a los 100 W/m² que la misma norma publica en calefacción no es una carga frigorífica de sustitución. A eso se suma un cuarto caso que no es técnico sino de expectativa: si lo que quieres es enfriar rápido al llegar a casa, la inercia del forjado juega en tu contra igual que en invierno.

Al revés también hay que decirlo, porque esta página no va de desanimar a nadie: si estás poniendo suelo radiante por agua de todos modos, con pavimento cerámico, en clima seco, y lo que buscas es quitarle unos grados a la casa de forma silenciosa y sin corrientes, la reversibilidad es una prestación real y a menudo barata de añadir sobre una instalación que ya vas a hacer. La diferencia entre las dos conclusiones no está en el sistema, está en lo que esperabas de él.

Sobre el generador, solo lo verificado: la guía dice que las bombas de calor «suelen ser reversibles», así que pueden dar frío en verano — pero «suelen» no es «todas», y hay que comprobarlo en la ficha del equipo concreto. No te vamos a decir que además tenga que estar dimensionada de forma especial para producir agua fría a una temperatura determinada, porque es lo que uno esperaría y no hemos encontrado ninguna fuente que lo exija. Si el tuyo va a ser el equipo que además calienta la casa, el hub de aerotermia explica cómo se elige.

Y sobre el dinero, la única respuesta honesta que podemos dar hoy: no publicamos ningún sobrecoste del equipamiento de frío. Uno de los instaladores que citamos en la página de precio del suelo radiante sí distingue en su tarifa la configuración de solo calefacción de la de calor y frío, pero es una sola fuente, y esta casa exige dos independientes antes de publicar un rango. Cuando encontremos la segunda, se publica ahí y no aquí.

Una última coherencia, por si te sirve como medida de cuánto nos fiamos de esto: nuestra calculadora de aerotermia no calcula el ahorro ni el coste de la refrigeración, y lo dice en su propia página. El motivo es del mismo tipo que el de esta sección — no existe una fuente oficial de demanda de refrigeración por zona climática con el rigor de la de calefacción, y lo hemos vuelto a comprobar sobre el CTE DB-HE vigente. Aplicamos el mismo criterio a nuestras herramientas que a nuestros textos.

  • Descarta el frío si el pavimento no es cerámico de baja resistencia. No es que rinda menos: es que no queda palanca para compensarlo.
  • Desconfía si vives en clima húmedo y nadie ha hablado de deshumidificación. El punto de rocío alto se come el margen antes de empezar.
  • No lo compres como sustituto del aire acondicionado. Ni la mitad de capacidad que en calefacción según nuestro propio cálculo, y sin tratar la humedad.
  • Sí tiene sentido como confort añadido sobre una instalación por agua que vas a hacer igualmente, con suelo cerámico y en clima seco.
  • Comprueba la reversibilidad en la ficha del equipo, no en el folleto: la guía dice que «suelen» serlo, que no es lo mismo que todas.
10

Cómo pedir presupuestos de suelo radiante refrescante con Enaro

Enaro no instala ni vende equipos: recoge los datos de tu vivienda, recibe las ofertas de los instaladores y te las enseña comparadas antes de que nadie te llame.

Para esta decisión en concreto, lo que más importa de ese orden es que puedes leer las ofertas con calma y por escrito, que es la única forma de aplicar lo de esta página. Una oferta de suelo radiante con refrigeración se juega en cuatro datos que rara vez aparecen y que ahora sabes nombrar: qué pavimento asume el diseño, con qué temperatura de superficie se ha calculado la capacidad, cómo regula el control la humedad, y qué pasa con el calor latente. Si una oferta calla esos cuatro, no puedes ponerla al lado de otra y sacar ninguna conclusión.

Conviene además entrar a esa comparación con una cifra propia. La calculadora de suelo radiante resuelve la mitad de invierno del problema: cuántos vatios por metro cuadrado pide tu casa, y si el techo de emisión de la norma llega hasta ahí. La mitad de verano no la resuelve, y no vamos a fingir que sí — el modo frío no está en el motor precisamente porque no existe ningún valor publicado contra el que validarlo. Lo que sí puedes llevarte de aquí son las dos referencias que sostenemos: el techo de 49 W/m² que hemos calculado con la ecuación de la norma —con la capacidad real por debajo— y la regla de que tu punto de rocío manda sobre todo lo demás. Ninguna de las dos equivale a que alguien mida tu vivienda.

Y una advertencia que resta y aun así va: el servicio no está abierto todavía, porque seguimos en la fase de hablar con empresas instaladoras reales. Mientras eso dure no vas a leer en esta web un número de instaladores, ni unos criterios de selección, ni un sello de confianza. Serían tres afirmaciones sin nada debajo.

  • Pide que la oferta diga si cotiza solo calefacción o calefacción y refrigeración. Son dos configuraciones distintas, y el desglose de precio vive en la página de precio.
  • Pide el pavimento con el que se ha diseñado y su resistencia térmica, no solo su nombre comercial. En frío ese dato decide la capacidad.
  • Pide la capacidad frigorífica calculada en W/m² y con qué temperatura de superficie, no con qué temperatura de agua. Es la pregunta que separa un cálculo de una estimación de folleto.
  • Pide cómo regula el control la humedad —relativa o absoluta— y si calcula el punto de rocío por estancia.
  • Pide qué equipo trata el calor latente, si lo hay, y si va gobernado junto con el suelo o por su cuenta.
  • Pide la ficha del generador con la reversibilidad confirmada, no la frase «es reversible» dicha por teléfono.

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  • Esta página da por hecho que ya sabes qué es el suelo radiante y solo resuelve el modo frío. Qué es, cómo calienta, cuánta potencia da en calefacción, qué pavimentos admite y cómo se regula está en el hub del vertical, y no se repite aquí. Suelo radiante
  • Esta página mide grados y humedad; aquella mide euros. Es además donde vive el único dato de precio relacionado con este tema que tenemos verificado: un instalador que distingue en su tarifa la configuración de solo calefacción de la de calor y frío. Una sola fuente no basta para publicar un sobrecoste, así que aquí no lo damos y allí está la tarifa citada. precio del suelo radiante
  • Complementaria y con un orden natural entre las dos: aquella decide si el sistema entra en tu vivienda por altura y por peso, y esta decide si además va a servirte en verano. Se cruzan en un punto concreto — el pavimento cerámico que exige el modo frío condiciona el acabado que allí se elige por espesor. si el suelo radiante te cabe en casa
  • Convierte el techo de emisión de la norma en un veredicto sobre tu vivienda concreta. Trabaja con el modo calefacción, que es el validado contra valores publicados; de frío, lo que esta página puede darte es el orden de magnitud y la regla del punto de rocío, y así se dice en las dos. calculadora de suelo radiante
  • El modo frío del suelo radiante depende por completo de que el equipo que produce el agua sea reversible, y en una instalación por agua ese equipo suele ser una bomba de calor. Si todavía estás eligiendo generador, esa decisión se toma en el hub de aerotermia, no aquí. Aerotermia
  • Se enlaza como coherencia declarada, no como herramienta de esta página: esa calculadora no cuantifica el ahorro ni el coste de la refrigeración y explica por qué —no hay fuente oficial de demanda de refrigeración por zona climática con el rigor de la de calefacción—. Es la misma reserva que esta página aplica a sus propias cifras de frío. calculadora de aerotermia

Preguntas frecuentes

¿Hasta dónde se puede bajar la temperatura del agua en modo frío?

No hay un mínimo fijo: la UNE-EN 1264, según la transcribe la guía de FEGECA, exige que la impulsión esté como mínimo un grado por encima del punto de rocío del local. Como el rocío depende de la humedad del aire en ese momento, el mínimo se mueve contigo. Dentro de la propia banda de confort de verano que fija el RITE (23-25 °C y 45-60 % de humedad relativa), el punto de rocío va de 10,4 a 16,7 °C, así que la impulsión mínima va de 11,4 a 17,7 °C. En su ejemplo resuelto, la guía calcula un rocío de 14,8 °C y fija la impulsión en 15,8 °C. Por eso el «15-18 °C» que suele contestarse no es una constante del sistema, es el resultado de aplicar la regla a una humedad concreta.

¿Puede sustituir el suelo radiante refrescante a un aire acondicionado?

Con la evidencia disponible, no por sí solo. El ejemplo resuelto de la guía de FEGECA, dimensionado según la norma para una vivienda de zona climática D3, concluye que en refrigeración el sistema no puede aportar la demanda de varias estancias y recomienda fuentes de climatización suplementarias. Hay una segunda razón, además de la capacidad: un suelo refrescante trabaja sobre la temperatura y no quita humedad del aire, así que en un día húmedo puede dejar la casa a la temperatura correcta y aun así resultar incómoda. Como confort añadido sobre una instalación por agua que ya vas a hacer, con pavimento cerámico y en clima seco, sí es una prestación real.

¿Puede condensar agua sobre el suelo?

Puede, y por eso existe la regla del grado de margen sobre el punto de rocío. Si la superficie del suelo baja hasta la temperatura a la que el vapor del ambiente se condensa, aparece agua sobre el pavimento o, si se ha forzado la temperatura del agua, bajo él. La guía advierte además de un caso poco intuitivo: con un control que regule solo por humedad relativa, el sistema puede estar dentro de consigna y condensar igualmente — con una consigna del 55 %, si el aire pasa de 25 a 30 °C manteniendo ese porcentaje, el rocío sube de 15,4 a 20 °C, el control no salta y, en sus palabras, «las condensaciones serían muy notables». La forma de evitarlo es regular por humedad absoluta y calcular el rocío en cada estancia.

¿Hace falta un deshumidificador para refrescar con suelo radiante?

La guía de FEGECA lo condiciona expresamente a la zona climática, así que no se puede afirmar que siempre haga falta. Lo que sí exige sin condiciones es un control estricto de la humedad, y añade que cuando hay sistema de deshumidificación tiene que gestionarse de forma conjunta con el suelo radiante, no como un aparato independiente. Un matiz que conviene conocer antes de aceptar una solución de apoyo: los fancoils y climatizadores deshumidifican, pero al enfriar también el aire perjudican el rendimiento del sistema radiante; la propia guía señala como ideal la deshumidificación isotérmica, que quita humedad sin bajar la temperatura del aire. Y una precisión legal: esto es un requisito técnico del sistema, no una obligación del RITE.

¿Por qué en refrigeración solo sirve el pavimento cerámico?

Porque en frío no existe la palanca que sí existe en calor. Un pavimento que aísla mucho se compensa en calefacción subiendo la temperatura del agua; en refrigeración habría que bajarla, y el punto de rocío lo impide. La guía lo dice así: solo son recomendables los pavimentos cerámicos de baja resistencia, «al no ser técnicamente posible disminuir la temperatura del agua a riesgo de formar condensados bajo el pavimento». Las resistencias que maneja la norma explican la distancia: cerámicos y piedra 0,02-0,05 m²K/W, sintéticos 0,10-0,2 y maderas 0,15-0,2. Con parquet o tarima puedes tener calefacción por suelo radiante, pero no una refrigeración útil.

¿Enfría más un techo refrescante que el suelo?

Sí, y lo dice la propia norma con sus curvas de emisión. Con el mismo salto de temperatura entre superficie y ambiente, el techo refrescante emite 8,92 vatios por metro cuadrado y grado, la pared 8,00 y el suelo 7,00: el suelo es la peor de las tres superficies para enfriar. En calefacción el orden se invierte y el suelo pasa a ser la mejor, con 8,92·Δ^1,1 frente a 6,00·Δ del techo. La explicación es la convección natural: el aire frío cae, así que desde el techo se reparte por la habitación, mientras que junto a un suelo frío se queda estancado y aísla la superficie. Por eso un instalador que proponga climatización por techo para el verano no está complicando la obra sin motivo.

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