Aerotermia y suelo radiante no son alternativas: una es el generador que calienta el agua y el otro, el emisor que la reparte bajo el pavimento.
Mucha gente busca «¿qué es mejor, aerotermia o suelo radiante?», y por eso conviene empezar por aquí: la pregunta no tiene respuesta. La aerotermia es una bomba de calor que calienta agua; el suelo radiante es la red de tubos bajo el pavimento por la que circula esa agua. Uno sin el otro no es una alternativa; es media instalación.
Se combinan por un motivo físico que se puede medir, no por costumbre. La norma que rige el suelo radiante limita la temperatura de su superficie a 29 °C en la zona donde se pisa, y con ese techo el agua no necesita ir a más de 30-40 °C. Ese es exactamente el punto en el que una bomba de calor rinde mejor: en una ficha técnica real de fabricante consultada el 09/09/2026, la misma máquina declara un SCOP de 4,69-4,81 con el agua a 35 °C y de 3,41-3,52 a 55 °C, un 37,5 % más de rendimiento por el simple hecho de no tener que calentar tanto el agua.
Cuándo compensa, en dos frases. Compensa cuando hay altura para meter el sistema (7-9 cm en el húmedo, 1,5-3 en el seco), la vivienda se usa a diario, y se viene de gasóleo o de radiadores convencionales: en el caso tipo de esta página el ahorro es de 1.667 €/año desde gasóleo y de 511 €/año desde gas natural. No compensa por rendimiento si ya tienes radiadores de baja temperatura recientes —el salto es del 11 %, 74 €/año en ese mismo caso— ni si la vivienda pide más de unos 100 W/m², que es lo máximo que un suelo puede emitir sin pasar de esos 29 °C.
Lo que sigue es el consumo de un caso tipo calculado con el motor de Enaro con todos los supuestos a la vista, cuánto sube ese consumo si el agua va a 45 o a 55 °C, qué potencia hace falta y cómo se llega a ella, a qué temperatura trabaja el agua y qué es la curva de compensación, cuándo compensa y cuándo no —con la cifra de amortización que el sector no publica—, qué pasa si además pones placas, cuánto cuesta el conjunto y qué debe llevar el presupuesto. Todo son estimaciones orientativas: el dimensionamiento definitivo requiere estudio técnico.
Última actualización: 9 de septiembre de 2026
Porque el suelo radiante trabaja con agua a 30-40 °C por imposición de su norma, y ese es justo el régimen en el que una bomba de calor rinde más.
Empecemos por el suelo. La UNE-EN 1264-2, la norma europea de calefacción por superficie radiante, fija la emisión de un suelo con una ecuación sencilla: q = 8,92 · (Ts − Ta)^1,1 vatios por metro cuadrado, donde Ts es la temperatura de la superficie del suelo y Ta la del aire de la habitación. Y limita Ts a 29 °C en zona de permanencia (33 °C en baños, 35 °C en la franja perimetral) por confort y seguridad. Con la casa a 20 °C, que es la temperatura con la que la norma tabula la emisión, el techo sale en 100 W/m²: 8,92 por 9 elevado a 1,1. Un suelo no emite más que eso sin quemar los pies.
De ahí viene la temperatura del agua. Para que la superficie esté a 27-29 °C, el agua que entra bajo el pavimento tiene que estar unos grados por encima, con un salto de diseño entre impulsión y retorno de 5 a 10 K según la misma norma. Resultado: agua a 30-40 °C. No es una elección del instalador ni un ajuste de eficiencia: es lo que el suelo admite.
Ahora la bomba de calor. Los fabricantes certifican el rendimiento estacional (el SCOP, ensayo EN 14825 en clima medio) en dos regímenes de agua: W35 para emisores de baja temperatura y W55 para radiadores convencionales. En la ficha de fabricante consultada el 09/09/2026, una bomba de calor aire-agua de 8 kW declara SCOP 4,69/4,81 con el agua a 35 °C (clase A+++) y SCOP 3,41/3,52 con el agua a 55 °C (A++); los dos valores separados por barra son dos variantes del mismo modelo. Misma máquina, misma temporada de ensayo, solo cambia la temperatura del agua: un 37,5 % más de SCOP a 35 °C, o dicho al revés, entregar el mismo calor a 55 °C consume un 37 % más de electricidad. Una segunda ficha de otro fabricante da 142-155 % de eficiencia estacional a 55 °C, el mismo orden de magnitud, y la ficha que ya usaba el motor de cálculo de este sitio da +40 %. Dos fichas independientes sitúan la relación entre un 37 y un 40 %; la tercera confirma el punto de 55 °C pero no publica el de 35, así que no cuenta como confirmación del salto.
Ahí está el vínculo, y no lo encontrarás en ninguna de las páginas de esta búsqueda cuyo contenido hemos podido leer: el suelo radiante trabaja, por norma, a la temperatura a la que la bomba de calor rinde mejor por ficha. Qué es exactamente el SCOP, cómo se ensaya y por qué un mismo equipo declara dos, está explicado en el bloque de COP y SCOP del hub de aerotermia; aquí basta con saber que W35 y W55 son los regímenes a los que la norma obliga a certificar, no etiquetas comerciales.
Un matiz de honestidad sobre las cifras que verás en el resto de la página: el motor de Enaro no usa el 4,69-4,81 de la ficha. Aplica un SCOP base a 35 °C por zona climática, que en zona D es 3,8, una media orientativa de equipo de gama media en parque real, no un valor certificado ni el de ningún modelo. Queda por debajo del catálogo a propósito: el ensayo de ficha se hace en clima medio de Estrasburgo con un equipo nuevo bien ajustado, y una vivienda real no es un laboratorio.
| Temperatura del agua | Qué emisor la exige | SCOP declarado en la ficha de fabricante (clima medio) | Factor que aplica el motor de Enaro sobre W35 |
|---|---|---|---|
| 35 °C (W35) | Suelo radiante | 4,69 / 4,81 — clase A+++ | 1,00 |
| 45 °C (W45) | Radiadores de baja temperatura, fancoils | No lo publica esta ficha: la norma solo obliga a certificar W35 y W55 | 0,90 |
| 55 °C (W55) | Radiadores convencionales | 3,41 / 3,52 — clase A++ | 0,72 |

En una vivienda de 100 m² en Madrid, 3.948 kWh y 663 € al año: 511 € menos que con gas natural y 1.667 menos que con gasóleo.
Antes de la cifra, la vivienda, porque un consumo sin caso detrás no significa nada. Unifamiliar de 100 m² en Madrid (zona climática D3), construida entre 2006 y 2013, con cuatro fachadas expuestas, tres personas, con agua caliente sanitaria y sin refrigeración. El resto de variables son las que el motor usa por defecto: 2,5 m de altura libre, tres dormitorios, un 18 % de superficie acristalada, 0,25 renovaciones de aire por hora, 21 °C dentro y −2 °C de temperatura exterior de diseño, que es la de Madrid según la UNE 100014:2004. No es «el consumo de una aerotermia con suelo radiante en España»: es este caso, y la calculadora de aerotermia con suelo radiante hace la misma cuenta con tu casa.
El método tiene cuatro eslabones, todos a la vista. Uno: la demanda de calefacción sale de las pérdidas de la envolvente, con las transmitancias de la Tabla 2.1 del CTE DB-HE1 de 2006 para esa zona y ese periodo constructivo: 13.399 kWh térmicos al año, más 1.605 kWh de agua caliente. Dos: la potencia que hace falta para cubrir el día más frío, 9,4 kW, se trata en el bloque de potencia. Tres: el rendimiento estacional, el SCOP base de zona D a 35 °C (3,8) multiplicado por el factor del emisor, que con suelo radiante es 1,00. Cuatro: la electricidad, a 0,168 €/kWh, que es el término de energía del PVPC medio de agosto de 2026 —el precio marginal, el de cada kilovatio hora de más, no el medio de la factura con peajes.
El resultado se lee en la tabla, y conviene mirar la última columna. Frente a gas natural, el ahorro es de 511 €/año, un 44 %; frente a gasóleo C de calefacción, 1.667 €/año, un 72 %. Ese gasóleo es el de la caldera, a 1,32 €/L según el Boletín Petrolero de la Comisión Europea de agosto de 2026, no el gasóleo A del surtidor, que va a 1,87: casi dos tercios de la diferencia son Impuesto sobre Hidrocarburos. Con esa electricidad y ese gas, la aerotermia sola —11.000 a 16.500 € en el motor— tarda de 21 a 32 años en amortizarse desde gas natural (19-30 con la deducción orientativa del IRPF) y de 6 a 10 desde gasóleo. Es la lectura honesta que vale para toda la página: frente a gas natural la amortización es larga con cualquier emisor, y lo que decide es el combustible que se deja, no el suelo radiante. Cuánto cuesta calentar la casa con cada combustible y cuál es el SCOP a partir del cual la aerotermia gana está desarrollado en cambiar la caldera por aerotermia.
Cuándo se consume también se puede decir. El perfil nacional de grados-día de Eurostat reparte la calefacción con un 53,9 % en diciembre, enero y febrero y un 0,1 % en julio: de los 3.948 kWh del caso, la parte de calefacción son unos 3.526, y cerca de 1.900 caen en esos tres meses. Por eso la potencia contratada se revisa pensando en una noche de enero y no en el promedio del año, y por eso conviene pedir el presupuesto con la curva de compensación bien configurada, que es el bloque siguiente.
| Sistema en la misma vivienda | Rendimiento con el que se calcula | Coste anual de calefacción y agua caliente | Ahorro anual con aerotermia y suelo radiante |
|---|---|---|---|
| Caldera de gasóleo C | 0,85 (techo de la ficha RES210 del catálogo CAE del MITECO); 1,32 €/L, 10 kWh/L | 2.330 € | 1.667 € (−72 %) |
| Caldera de gas natural | 0,92; gas a 0,072 €/kWh | 1.174 € | 511 € (−44 %) |
| Aerotermia con suelo radiante | SCOP 3,80 (base 3,8 de zona D × factor 1,00 del suelo radiante); electricidad a 0,168 €/kWh | 663 € (3.948 kWh) | — |
El agua va a 30-40 °C, y baja cuanto más templado está el exterior: eso es la curva de compensación. Cada grado de más se paga en consumo.
Empecemos por lo que el ensayo de ficha ya cuenta y casi nadie lee. El SCOP «a 35 °C» no se mide con el agua a 35 °C todo el invierno: según las condiciones que recoge la Guía 025 del IDAE, la bomba ensayada saca el agua a 34 °C cuando fuera hay −7 °C, a 30 °C con 2 °C, a 27 °C con 7 °C y a 24 °C con 12 °C. La temperatura del agua baja a medida que sube la exterior, porque la casa pierde menos calor y el suelo necesita menos. Esa relación entre temperatura exterior y temperatura del agua es la curva de compensación (o curva climática), y es lo que hace que un suelo radiante bien regulado trabaje la mayor parte de la temporada por debajo de los 35 °C.
En el caso tipo, con una demanda de 85 W/m², la superficie del suelo tiene que estar a 27,8 °C y la impulsión orientativa que devuelve el motor es de 33 a 43 °C, según el salto de diseño de 5 a 10 K que fije el instalador. El punto W35 cae dentro de ese rango; si el diseño se hace con un salto grande y una superficie de tubo escasa, el agua tiene que ir más caliente para lo mismo. Cómo se regula el suelo en el día a día —termostatos por estancia, inercia, si conviene apagarlo— está en el bloque de temperatura del hub de suelo radiante; aquí interesa el efecto sobre el rendimiento.
Y ese efecto se puede cifrar con el mismo motor y la misma casa. No es una comparación entre suelo radiante y radiadores —eso tiene su propia página—: es lo que le cuesta a esta misma vivienda que el agua tenga que ir a 45 o a 55 °C en vez de a 35, sea porque el diseño del suelo se quedó corto, porque hay un pavimento muy aislante encima, o porque la vivienda pide más de lo que el suelo puede dar. La tabla lo dice: a 45 °C el consumo sube un 11 % y a 55 °C un 39 %, 74 y 257 € al año respectivamente. La temperatura de impulsión es la variable que decide el instalador; de las páginas que hemos podido leer en esta búsqueda, solo una la cuantifica, y con una regla de pulgar sin ficha detrás; por eso, más abajo, es lo primero que se pide por escrito en el presupuesto.
Lo que no publicamos es una pendiente de «tantos por ciento por cada grado». Existe como regla de pulgar en el sector, pero depende del equipo y del clima, y no hay fuente que la sostenga como coeficiente universal: publicamos los puntos de ficha a 35 y 55 °C y el factor intermedio del motor, no una recta trazada entre ellos.
| Temperatura de impulsión | SCOP resultante (zona D) | Consumo eléctrico anual | Coste anual | Respecto a 35 °C |
|---|---|---|---|---|
| 35 °C | 3,80 | 3.948 kWh | 663 € | — |
| 45 °C | 3,42 | 4.387 kWh | 737 € | +439 kWh, +74 € (+11 %) |
| 55 °C | 2,74 | 5.476 kWh | 920 € | +1.528 kWh, +257 € (+39 %) |

La potencia la fija la vivienda, no el emisor: 9,4 kW en el caso tipo, con suelo radiante o con radiadores. Lo que cambia es si el suelo puede entregarlos.
Conviene desmontar un mito extendido: con suelo radiante no hace falta una bomba más pequeña. La potencia térmica que necesita una casa el día más frío sale de sus pérdidas —muros, ventanas, cubierta, suelo, renovación de aire— a la temperatura exterior de diseño, y eso no sabe qué emisor hay dentro. El motor devuelve para el caso tipo una carga térmica de 9,4 kW, con un rango de potencia de 8 a 12 kW, y devuelve exactamente lo mismo con cualquiera de los tres emisores. El emisor cambia el rendimiento (bloque anterior), no la potencia.
Lo que sí cambia con suelo radiante es una segunda comprobación que con radiadores no existe: si el suelo es capaz de emitir esa potencia sin superar los 29 °C de superficie. El cálculo es el de la UNE-EN 1264-2 del primer bloque: con la casa a 20 °C, el techo de emisión en zona ocupada es de unos 100 W/m². En el caso tipo la demanda de calefacción es de 85 W/m² según el motor (los 9,4 kW no se dividen entre los metros: esa potencia incluye el agua caliente sanitaria y el margen de dimensionado), así que el veredicto de viabilidad del suelo radiante es «ajustado»: cabe, con 15 W/m² de margen y una cobertura del 118 %, pero no sobra. Es el mismo cálculo que la calculadora de suelo radiante hace con tu vivienda, con el veredicto que le corresponda a la tuya.
Si la demanda supera esos 100 W/m² —una casa mal aislada en zona D o E puede pedir 125-150 W/m² según las demandas orientativas del motor— el suelo radiante no cubre la calefacción por sí solo sin superar los 29 °C. Entonces pasa una de dos cosas: la bomba tiene que impulsar más caliente (y el rendimiento cae, tabla del bloque anterior) o hace falta un emisor de apoyo en las estancias más frías. Las dos anulan la ventaja por la que se instalaba la combinación. Por eso en una reforma la secuencia correcta es aislar primero y dimensionar después, y por eso el presupuesto tiene que traer el cálculo de cargas por estancia, no solo una potencia global.
Queda la potencia eléctrica a contratar, que no es la térmica: una bomba de 9,4 kW térmicos consume en punta una fracción de eso, pero esa punta ocurre de noche en enero, con todo lo demás encendido. De qué potencia se suele partir, cuántos kilovatios eléctricos pide una bomba en función de los térmicos que entrega, y lo que cuesta cada kilovatio de más en el término fijo durante todo el año está en cambiar la caldera por aerotermia; el coste del trámite de subirla no lo publicamos porque no lo hemos verificado con fuente oficial.
Compensa por confort y por rendimiento cuando hay altura, uso diario y se viene de gasóleo o radiadores convencionales. Por rendimiento solo, el suelo radiante tarda 16-29 años en pagarse.
Vamos primero a la cifra que el sector no publica, porque es la que pone el resto en su sitio. En el caso tipo, el suelo radiante cuesta 4.000-7.500 € (100 m² a 40-75 €/m², sin pavimento ni generador) y ahorra 257 €/año frente a radiadores convencionales y 74 €/año frente a radiadores de baja temperatura. Dividiendo: de 16 a 29 años para amortizar el suelo radiante solo por rendimiento frente a radiadores convencionales, y de 54 a 101 frente a los de baja temperatura. El propio motor de Enaro lo dice en sus limitaciones: casi nadie instala suelo radiante para amortizarlo por rendimiento; se instala por confort —calor uniforme, sin radiadores a la vista, sin aire moviéndose— y por el frío en verano si la bomba es reversible. La ventaja de rendimiento es real y está medida arriba, pero no paga sola la obra, y una página que te diga lo contrario está sumando cosas que no van juntas.
Con eso claro, cuándo sí. Cuando se viene de gasóleo: 1.667 €/año de ahorro en el caso tipo y una aerotermia amortizada en 6-10 años; el suelo radiante entra en la misma obra y su sobrecoste se diluye en un cambio que ya sale a cuenta. Cuando la instalación es nueva o se levanta el suelo de todas formas: el sobrecoste frente a poner radiadores nuevos es la única cifra que importa, y la altura ya no es un problema. Cuando la vivienda se usa a diario: el suelo radiante mantiene temperatura estable y trabaja en régimen continuo con la curva de compensación, que es donde la bomba de calor está cómoda. Y un argumento técnico, no de marketing: para que una bomba de calor cuente como energía renovable, la Directiva 2018/2001 y el RITE exigen un rendimiento estacional superior a 2,5; con suelo radiante el motor devuelve entre 3,6 y 4,6 en cualquier zona climática de España, con margen; con radiadores convencionales en zona E cae a 2,59, al filo.
Y cuándo no. La lista de abajo son las cuatro situaciones en las que la combinación pierde lo que la justifica, presentadas como consecuencia aritmética de constantes verificadas del motor, no como opinión. La primera va antes que el precio: si en una reforma no hay altura para el sistema, no hay instalación, por buenos que salgan los números, y por eso es lo primero que debe medir quien te presupueste. Cuánta altura roba cada sistema, qué dice el CTE sobre la altura mínima y por qué lo que decide suelen ser las puertas está en suelo radiante seco o con mortero.
La decisión de emisor en detalle —radiadores de baja temperatura, fancoils, qué errores se cometen al reutilizar los radiadores que ya tienes y cuánto cuesta cada opción— está en aerotermia con radiadores o suelo radiante, que es donde se compara. Aquí solo se dice cuándo esta combinación concreta deja de tener sentido.
Las placas no alimentan el suelo radiante: alimentan la bomba de calor, que calienta el agua. Con suelo radiante la bomba consume menos, así que hay menos que alimentar.
La confusión viene del nombre: hay «suelo radiante solar» de tubos conectados a captadores solares térmicos, pero lo que casi todo el mundo busca es poner placas fotovoltaicas y que el suelo radiante salga gratis. La fotovoltaica produce electricidad y la reparte por el cuadro de la vivienda entre lo que esté encendido; la bomba de calor es un consumidor más de ese cuadro. No hay ningún cable de las placas al suelo, ni hace falta: lo que las placas cubren es una parte de la electricidad de la bomba, y lo que la bomba entrega al suelo no cambia por tener placas.
Lo que sí cambia con suelo radiante es la magnitud de lo que hay que cubrir. En el caso tipo, la bomba consume 3.948 kWh al año con suelo radiante frente a 5.476 con radiadores convencionales: un 28 % menos de electricidad que pedirle al tejado, en todos los meses por igual. La combinación de las tres cosas tiene sentido por eso, no porque una alimente a la otra.
Lo que no resuelve el suelo radiante es el calendario. El perfil de grados-día de Eurostat pone el 53,9 % de la calefacción del año en diciembre, enero y febrero, y esos son los meses de menos sol; el suelo radiante rebaja el consumo de la bomba, pero lo rebaja en la misma proporción en enero que en abril, así que el desajuste entre cuándo se necesita calor y cuándo produce el tejado queda intacto. Cuánto del consumo de la bomba cubren de verdad las placas, mes a mes y ciudad a ciudad, con el método publicado y sus límites, está calculado en placas solares y aerotermia: es la pregunta de esa página, y aquí solo cambia el tamaño del consumo que se le pone debajo.
Entre 13.000 y 15.500 € para 100 m² con suelo radiante nuevo según el mercado; 15.000-24.000 € en el caso tipo, que es una vivienda más exigente.
Las dos cifras son correctas y miden cosas distintas. La primera es la triangulación de mercado ya publicada en el precio de la aerotermia, que además desglosa el precio por tamaño de vivienda y por partidas. La segunda es lo que devuelve el motor para el caso tipo de esta página: aerotermia más suelo radiante contando el generador una sola vez. Difieren porque el caso tipo dimensiona 9,4 kW para un unifamiliar de cuatro fachadas en zona D, mientras que la tabla de mercado parte de una vivienda menos exigente. No hemos fabricado ninguna de las dos: la de mercado sale de fuentes trianguladas y fechadas, la del caso tipo del mismo motor que alimenta la calculadora.
El precio del suelo radiante por metro cuadrado, con sus cinco fuentes y lo que incluye y no incluye cada partida, vive en el precio del suelo radiante, que además tiene un bloque dedicado a por qué no se suman dos presupuestos: si sumas una calculadora de aerotermia y otra de suelo radiante, la bomba de calor aparece dos veces. Y sobre si contratar las dos cosas con el mismo instalador sale más barato: es plausible, y no hay fuente que lo cifre, así que no publicamos ningún porcentaje. Lo único cuantificable es el descuento Enaro del 3 % sobre el presupuesto que aceptes aquí.
Lo que sí se puede exigir, y sirve para cualquier instalador, es que el presupuesto del conjunto traiga por escrito lo que sigue. Cada punto remite a algo ya medido en esta página; ninguno es una preferencia estética.

No existe ninguna subvención específica de suelo radiante ni de la combinación: el suelo entra en las convocatorias solo como emisor de una instalación con aerotermia.
Es un resultado negativo verificado, no una omisión. Las ayudas que aplican son las de la bomba de calor, y su estado real por comunidad autónoma —con la fecha de cierre de cada convocatoria y el día en que se comprobó— está en subvenciones para aerotermia, que se revisa cada trimestre; aquí no repetimos cuantías que caducan sin avisar.
Lo que sí es estatal y vale para el conjunto es la deducción del IRPF por obras de mejora de la eficiencia energética, prorrogada por el Real Decreto-ley 7/2026: un 20 % sobre una base máxima de 5.000 € si la obra reduce al menos un 7 % la demanda de calefacción y refrigeración, o un 40 % sobre una base máxima de 7.500 € si reduce al menos un 30 % el consumo de energía primaria no renovable o lleva la vivienda a clase A o B. Las dos exigen certificado energético antes y después de la obra y son incompatibles entre sí para la misma actuación. El motor aplica en el caso tipo una deducción orientativa de 1.000 €, que es lo que rebaja la amortización desde gas de 21-32 a 19-30 años. La compatibilidad entre ayudas y deducción depende de cada convocatoria: confírmala antes de contar con una cifra.
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No son alternativas, y esa es la respuesta antes que cualquier cifra. La aerotermia es el generador —una bomba de calor que calienta agua tomando energía del aire— y el suelo radiante es el emisor, la red de tubos bajo el pavimento por la que circula esa agua. Elegir entre los dos es como elegir entre una caldera y unos radiadores. La pregunta que sí tiene sentido es con qué emisor rinde más una aerotermia, y ahí el suelo radiante gana por norma: su superficie no puede pasar de 29 °C, así que el agua va a 30-40 °C, y a 35 °C una bomba de calor declara en ficha un 37,5 % más de SCOP que a 55 °C.
En el caso tipo de esta página —unifamiliar de 100 m² en Madrid, construida entre 2006 y 2013, tres personas, calefacción y agua caliente—, 3.948 kWh de electricidad al año, que a 0,168 €/kWh son 663 €. La misma casa con el agua a 45 °C consumiría 4.387 kWh (737 €) y a 55 °C, 5.476 kWh (920 €). No es el consumo de «una aerotermia con suelo radiante» en general: cambia con la zona climática, el aislamiento, la superficie y el precio de la luz. La calculadora de aerotermia con suelo radiante hace esta misma cuenta con tu vivienda; es una estimación orientativa, no un presupuesto técnico.
Depende sobre todo de la potencia que pida la vivienda y de los metros de suelo radiante, así que la respuesta honesta es un rango con su método detrás, no una cifra. La triangulación de mercado por tamaño de vivienda está en el precio de la aerotermia y el precio por metro cuadrado del suelo radiante, en el precio del suelo radiante. Dos avisos que valen más que cualquier cifra. El primero: el generador se presupuesta una sola vez, así que sumar un presupuesto de aerotermia y otro de suelo radiante cuenta la bomba de calor dos veces. El segundo: el caso tipo de esta página sale más caro que la horquilla de mercado porque es una vivienda más exigente (9,4 kW, cuatro fachadas, zona D), y eso mismo te dice cuánto mueve la vivienda concreta el resultado.
La misma que necesitarías con cualquier otro emisor: la potencia la fijan las pérdidas de la vivienda el día más frío, no el emisor. En el caso tipo son 9,4 kW, con un rango de 8 a 12, y sale igual con radiadores. Lo que el suelo radiante añade es una segunda comprobación: que pueda entregar esa potencia sin pasar de 29 °C de superficie, que con la casa a 20 °C equivale a unos 100 W/m². En el caso tipo la demanda es de 85 W/m² y el veredicto es «ajustado». Si tu vivienda pide más de 100 W/m², el suelo no cubre solo la calefacción y la ventaja de rendimiento se pierde.
Entre 30 y 40 °C de impulsión, y menos cuanto más templado esté el exterior. El límite lo pone el suelo: la UNE-EN 1264-2 fija 29 °C de temperatura máxima en la superficie de la zona donde se pisa, y con un salto de diseño de 5 a 10 K entre impulsión y retorno, el agua no necesita ir más caliente. En el caso tipo, con 85 W/m² de demanda, la superficie tiene que estar a 27,8 °C y la impulsión orientativa es de 33 a 43 °C. Con la curva de compensación bien configurada, la bomba impulsa a 34 °C con −7 °C fuera y a 24 °C con 12 °C fuera, que son las condiciones del propio ensayo de ficha.
Depende casi por completo del combustible que dejas, no del suelo radiante. En el caso tipo, la aerotermia (11.000-16.500 €) se amortiza en 6-10 años si vienes de gasóleo (1.667 €/año de ahorro) y en 21-32 si vienes de gas natural (511 €/año), 19-30 con la deducción del IRPF. El suelo radiante por sí solo, si se mira únicamente su mejor rendimiento, tarda de 16 a 29 años en pagarse frente a radiadores convencionales y de 54 a 101 frente a radiadores de baja temperatura: se instala por confort, y una página que te prometa amortizarlo en pocos años está sumando cosas que no van juntas.
Con suelo radiante rinde más, porque trabaja a 35 °C y no a 45 o 55: en el caso tipo, un 11 % menos de consumo que con radiadores de baja temperatura y un 39 % menos que con convencionales. Pero la decisión real —si reutilizar los radiadores que tienes, cambiarlos por unos de baja temperatura, poner fancoils o levantar el suelo, y cuánto cuesta cada camino— está resuelta caso por caso en la guía de aerotermia con radiadores o suelo radiante, que es donde se comparan los cuatro emisores.
En una vivienda de uso diario, sí: el suelo radiante está pensado para trabajar en régimen continuo, con la curva de compensación bajando la temperatura del agua cuando fuera hace menos frío, y el mortero tiene inercia —responde en horas, no en minutos—, así que apagar y encender para calentar rápido no es su forma de trabajar. Lo que no afirmamos es que los apagados largos consuman más de lo que ahorran: es una afirmación de balance energético que no tiene fuente. En una segunda residencia esa inercia juega en contra, y es uno de los casos en los que la combinación deja de compensar. Cómo se regula por estancias está en el hub de suelo radiante.
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